martes, 17 de febrero de 2015

30 AÑOS DE LA TRAGEDIA DEL MONTE OIZ


“El olor del queroseno utilizado en la aviación es muy característico y se fija en nuestro cerebro para siempre”

Imágenes de prensa  - 19 febrero 1.985 -
La mayor catástrofe de la historia de la aviación en el País Vasco fue un martes de Carnaval, en concreto, el martes 19 de febrero de 1985, cuando un Boeing 727 de Iberia que hacía la ruta Madrid-Bilbao se estrellaba contra el monte Oiz al iniciar la maniobra de aproximación al aeropuerto de Sondika, tras chocar contra un repetidor. Todos los ocupantes de la aeronave, 141 pasajeros y 7 tripulantes, fallecieron en el desgraciado siniestro.

Dos voces, dos testimonios reconstruyen aquel suceso en su 30 aniversario.

“Las emergencias siempre dejan un poso que hay que tratar de sanar con el tiempo. Sé que hay compañeros que estuvieron allí trabajando durante muchos días -Brigada Móvil de la Ertzaintza y Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Gernika- que posteriormente tuvieron problemas de salud.” Un jovencísimo José Antonio Fernández Cagigas, Técnico de la Dirección de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco, fue uno de los expertos que se enfrentó a aquella tragedia.


A media mañana de aquel martes de carnaval,  todas las alarmas estaban dadas. Pero todavía no se sabía muy bien qué es lo que había ocurrido: No sabíamos muy bien qué hacer. Ni siquiera nos decían hacia donde teníamos que ir. De hecho, al principio creíamos que el accidente lo había sufrido una avioneta”, confiesa Peio Ériz, entonces miembro del cuerpo de Bomberos de Iurreta. “Recuerdo que llegamos a un punto en el que no podíamos continuar con los camiones, así que decidimos continuar a pie y cuando estábamos bajando una camilla un testigo que pasaba nos dijo: “Dejad la camilla, que no os va a servir. Hoy continúan impresas aquellas palabras en mi memoria, porque en ese preciso momento comencé a comprender la magnitud de aquel accidente. Y de ahí en adelante fue todo muy duro. He vivido situaciones muy duras a lo largo de mi trayectoria pero nunca han superado aquella.”

“Es cierto que en los primeros momentos y hasta que se localizó el avión accidentado -los accesos fueron complejos y difíciles- pudieron existir algunas situaciones de descoordinación fundamentalmente porque en aquella época no existía una red de comunicaciones que permitiera contactar con los diferentes servicios, no existía telefonía móvil y tampoco existían centros de mando y control de los servicios operativos. Pero estoy convencido de que todos los que estuvimos en aquel triste suceso -bomberos, policías, voluntarios, jueces, sanitarios, etc.- dimos la mejor respuesta personal en cuanto a conocimientos y actitudes que podía ofrecerse en aquel momento” especifica José Antonio.  Y añade Peio: “Yo creo que hicimos los que pudimos. Te sentías totalmente sobrepasado. Además, ni siquiera teníamos las herramientas adecuadas para por ejemplo cortar el aluminio, el material del avión, y poder sacar los cadáveres. Por lo que te veías realmente impotente. Yo no creo que lo hiciéramos mal, creo que no cambiaría nada de lo que hicimos. Pero lo que realmente sentimos fue una gran impotencia.”

“Este accidente marcó un antes y un después en la coordinación de los servicios de rescate, por eso, se ha trabajado a lo largo de estos años. Se podría afirmar que hoy en día todos los servicios integrados en el sistema vasco de emergencias están preparados y disponen, además, de planes de actuación sectoriales -sanitarios, policiales, bomberos- para dar respuesta a las emergencias”, afirma José Antonio.

“Este hecho marcó la vida de todos los que estuvimos, por lo menos a mí. Son momentos difíciles de olvidar. Yo tengo un par de cosas grabadas, impresiones, que dudo mucho se vayan a borrar de mi mente”, reflexiona Peio. A lo que concluye José Antonio: “El olor del queroseno utilizado en la aviación es muy característico y se fija en nuestro cerebro para siempre”.


 Artículo elaborado por: Zuriñe Álvarez

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