martes, 9 de junio de 2015

“Toda trayectoria vital es un viaje irreversible”

ENTREVISTA A EIDER ELIZEGI.
Montañera, poeta y mucho más. 

Por encima de riesgos e imprevistos, Eider Elizegi ha encontrado una nueva manera de viajar que le ha llevado a experimentar el día a día de una forma más intensa. Reconoce que en este camino la presencia de la muerte en ciertos momentos de sus aventuras ha hecho tener más presente la vida y valorar lo realmente importante. Viajera de montañas, escritora y poeta, nos habla de su percepción de la vida y de cómo el riesgo despierta los sentidos.
- ¿Cómo son tus viajes, tus aventuras?
- Para mí, viajar es una actividad que exige una dedicación y una implicación completas. Para mí, viajar no es irse de vacaciones, ni tampoco consiste en desplazarse. Viajar es impregnarse de nuevos puntos de vista, de nuevas maneras, de nuevas cosmologías que amplían la mirada y afectan a las verdades parciales de uno. Viajar implica un cambio, o para mí no es viajar, es otra cosa (¡no por ello menos valiosa!). Mi manera de viajar es lenta e improvisada. El viaje se define a sí mismo y me dejo conducir por él.
- Hacer cumbre no parece que sea tu prioridad, ¿qué encuentras en el camino y qué encuentras en la cumbre?
- Así es: la cumbre es un lugar más. En el camino hacia ella, encuentro lo que encuentro. A veces una imagen, o una textura, una emoción que se acomoda en un lugar nuevo o un descubrimiento sobre mí misma; un pájaro, un pedazo de viento que me acaricia la piel o un miedo. Un relato. Un discurso, un argumento o un pedazo de vacío. Un amigo. El placer de respirar, sensaciones de cuerpo. En definitiva, encuentro una ración desnuda de vida.
- ¿Qué es para ti el riesgo?
- Creo que el riesgo es algo inherente a la vida: en tanto que estamos vivas, estamos constantemente en peligro de muerte, aunque se nos olvide. Personalmente, las actividades de montaña me recuerdan y me intensifican la sensación de este riesgo. Posiblemente, la consciencia más notable de mi propia muerte en estas situaciones es uno de los ingredientes que hacen que en entornos de montaña y desarrollando este tipo de actividades me sienta más viva que nunca. Como si respirara con la vida y la muerte muy desnudas. En determinadas ocasiones, he salido a la montaña asumiendo con paz que no regresar de ella era una posibilidad real.

- ¿Cómo asumes esas situaciones de riesgo?
- Asumo que la responsabilidad de gestionar el riesgo y de cuidarme a mí misma, es sólo mía, y me aseguro de sentirme autónoma como cordada. El miedo puede ser una buena alarma, aunque a veces, tanto en montaña como en el resto de la vida, puede convertirse en un freno y un bloqueo, o incluso el causante de que lo temido se convierta en realidad. Yo he utilizado mucho la montaña para aprender a jugar y a gestionar el miedo, a contratarlo con la razón (no olvidemos que el miedo es siempre subjetivo) y a actuar basándome en la combinación de ambos.

- ¿Cómo valoras el riesgo y la prevención de accidentes?
- De momento, yo quiero seguir viviendo, y por lo tanto la prevención de accidentes me parece de vital importancia (nunca mejor dicho). Para valorar los peligros es necesario aprender, porque en muchas situaciones, si una no ha estrenado su ojo, muchos de los peligros que puede esconder una montaña permanecen invisibles. Considero que cierta formación al respecto, junto con mucha experiencia personal, es imprescindible. Viendo el número de accidentes que suceden en montaña cada temporada y viendo las situaciones peligrosas en las que a menudo veo que los montañeros se meten de manera inconsciente, creo que en general no tenemos la consciencia necesaria.

- Viajera, poeta, mujer independiente,... ¿qué empezó primero?
- No me gustan las etiquetas: viajar, escribir o definirme como mujer, son sólo algunas de las actividades a las que he dedicado más o menos tiempo dentro de mi trayectoria vital, o herramientas que me sirven para sacarle jugo a la vida. Todas ellas ayudan a la construcción de mi identidad, pero ninguna de ellas me define como persona.
- ¿Empezó como un escape a la sociedad en la que vivimos? ¿Está siendo un viaje irreversible?
- No. Yo no pretendo escapar de la sociedad en la que vivimos, básicamente porque llevo a esa sociedad tatuada en los huesos y forma parte de la estructura de lo que yo soy. Pero sí me interesa visibilizar esa estructura y adquirir cada vez mayor consciencia de las consecuencias que esa impronta genera sobre lo que yo soy. Diría que toda trayectoria vital es un viaje irreversible.
- ¿Qué es lo que más te preocupa de la sociedad o qué es de lo que más te quieres alejar?
- En estos momentos siento la necesidad de mostrar modelos diversos de vivir y de relacionarse. Existen muchas más maneras de vivir que las que se muestran, y me temo que ese modelo poco diverso coarta la libertad de las personas y las empuja a vivir de una manera que en realidad no surge de sí mismas. De ahí la necesidad de cuestionar constantemente, y de repartir de una manera más limpia las responsabilidades que le corresponden a cada cual.
- Desde la distancia, ¿cómo ves la sociedad?
- Esa distancia no existe. Seguramente el modo en el que planteo mi vida difiere de los modelos que más se visibilizan, pero yo también soy sociedad.
- De tus viajes, tus aventuras, ¿qué es lo que más te ha impactado?
- Supongo que la constatación de mis privilegios, de los privilegios de todos nosotros, de los cuales disfrutamos por el simple hecho de haber nacido donde hemos nacido. Y diría que también las experiencias en las que, de una u otra manera, la muerte ha estado presente de una manera contundente.
- ¿Qué es lo que más te ha gustado?
- La riqueza de la diversidad. Esa cierta intimidad con lo que aparentemente es diferente. Y la sensación de aprender, que es mi principal motor de vida.

- ¿Qué te ha dado mayor felicidad?
- He sido muy feliz redefiniendo el hogar como un espacio no limitado y haciendo que cualquier lugar sin nombre significara casa. Viviendo con la sensación liviana de tener muy poquitas cosas y de no necesitar más. E intentando anidar con comodidad en la incertidumbre.
- De la biología, a la montaña, de la montaña a la poesía... ¿cuál es tu próximo proyecto?
- Llevo dos años trabajando en una escuela libre. Está suponiendo un intenso viaje inmóvil en el que aprendo por lo menos tanto como los niños con los que convivo en el espacio. Creo firmemente en la necesidad de replantear de educación para que sea respetuosa, para que no bloquee y enajene a las personas, y para que ayude a desarrollar la conexión con el deseo propio, la gestión de las emociones y la construcción de uno mismo en un marco definido por límites.

- ¿Qué es más peligroso la montaña o la poesía?
- Lo que supone un peligro mortal, es el hecho de estar vivo. La Montaña y la poesía son lugares de desnudez en el que ese peligro se muestra sin tapujos.
- En tu independencia, en tu vida solitaria, ¿qué es lo que buscas? ¿Libertad?
- No busco nada que no busquemos todos: busco autenticidad. Busco mi manera.  Disfruto y necesito de la soledad, pero me temo que mi vida no es tan solitaria como parece que crees que es: a mí alrededor se entreteje una red amplia de personas, lugares y significados muy diversos y muy próximos a mí.


Artículo elaborado por: Zuriñe Álvarez

3 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho esta entrevista... tanto las preguntas de Zuriñe, como las respuestas de Eider.
    Aurrera neska!
    Miren

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  2. Yo tuve la tremenda suerte de conocer a Eider en su etapa universitaria. Me ha gustado la entrevista, sobre todo porque ella sigue respirando la misma coherencia de antaño.
    Para los que vivimos una vida "standard" es un soplo de aire fresco saber que existen personas como Eider. Ojalá sea por mucho tiempo.
    DavidG

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